En la última década se está produciendo un incremento de los casos de
violencia intrafamiliar en la que los progenitores son las víctimas de los
abusos. Violencia en el seno de la familia siempre ha existido y violencia de
los hijos hacia los padres, aunque resulte sorprendente, también. Ya en 1957fue
conceptualizado por Sears,
Maccoby y Levin. Sin
embargo, la violencia actual que ejercen los hijos hacia los padres adquiere
otro matiz del que todavía no se conoce ampliamente y sobre el que hay poca
profusión de investigaciones, estudios y que puedan dar carta de naturaleza
para sentar bases metodológicas concretas, específicas y contundentes con el
objetivo de disminuir, eliminar este fenómeno ante el que no hay actuaciones
institucionales coordinadas a nivel estatal de carácter educativo,
re-educativo, orientativo y mediacional. La falta de información de la sociedad
conlleva la prevalencia de estas actitudes y conductas desadaptativas y la
sensación de soledad y desamparo de las familias. Desde diferentes asociaciones
y organizaciones sensibilizadas por esta problemática se están llevando
acciones dirigidas a la mediación y orientación familiar para la mejora de las
relaciones familiares. Comenzaré mi justificación, tras esta introducción
definiendo el término violencia.
¿Qué es la violencia? La violencia es una acción ejercida por una o varias
personas en donde se somete de manera intencional al maltrato, presión, fuerza,
sufrimiento, manipulación u otra acción que atente contra la integridad tanto
físico como psicológica y moral de cualquier persona o grupo de personas en
contra de su voluntad. En un concepto complejo que admite diversas
matizaciones, manifestaciones (lesiones físicas, amenazas, humillaciones,
rechazo, etc.) y clasificaciones en función de quién la ejerza o sobre quién
sea ejercida: violencia juvenil, familiar, de género, etc. La violencia juvenil
es una de las que más en aumento se está dando en la actualidad. Continuamente
escuchamos noticias de casos perpetrados por jóvenes violentos (asesinatos,
robos, violencia entre iguales) y ello se ve fortalecido por los medios de
comunicación y las nuevas tecnologías.(video juegos), que acaba haciéndoles
insensibles.
De
esta violencia juvenil, la ejercida por los hijos hacia sus progenitores,
llamada violencia filio parental (VFP)
es una de las más alarmantes, pues el índice de casos se incrementa y hay, realmente, pocas investigaciones
sobre ello. Según la Fiscalía General del Estado, de 3.433 denuncias interpuestas por madres y padres en 2002, se pasó a
7.611 en 2007. (Alba, J.L. 2013: 281).
Según
Aroca (2010), la violencia filio-parental es aquella donde el hijo o hija actúa
intencional y conscientemente con el deseo de causar daño, perjuicio y/o sufrimiento
a sus progenitores, de forma reiterada a lo largo del tiempo y con el fin
inmediato de obtener poder, control y dominio sobre sus víctimas para conseguir
lo que desea, ignorando las figuras referentes de autoridad de su madre y/o
padre a costa de actuar contra la convivencia de su familia y en su hogar, por
medio de la violencia psicológica, económica y/o física.(Citado en Alba, J.L. 2013:283 y en Aroca y Alba, 2012:pp 25-44).
La violencia filio-parental (VFP) se
caracteriza por un conjunto de conductas
reiteradas de agresiones físicas (golpes, empujones, arrojar objetos), verbales
(insultos repetidos, amenazas) o no verbales (gestos amenazadores, ruptura de
objetos) dirigida a los padres o a los adultos que ocupan su lugar.
Diferentes factores pueden determinar este
tipo de violencia: sociales, psicológicos, económicos, culturales. Sin embargo,
las investigaciones realizadas al respecto confirman que no están asociadas a un bajo nivel económico
y cultural y sí más a factores psicológicos y sociales, como son los trastornos
de conducta (TDAH, TND, TD etc.) y los cambios sociales que han dado lugar a
nuevas formas familiares y roles a desempeñar dentro de ella (familias
monoparentales-divorcios-, reconstituidas, incorporación de la mujer al mundo
laboral, etc.). Todos estos cambios sociales que está sufriendo la sociedad
influye negativamente Pero no sólo ha ido cambiando la
estructura familiar, también la forma de educar a los hijos. Los estilos
educativos de la familia que predominan actualmente son la permisividad,
sobreprotección y falta de límites (sin olvidar los autoritarios y los
negligentes), que constituyen un importante factor de riesgo de la VFP. Muchos
menores, educados en el consumismo y la falta de respeto, con carencias en
valores y empatía, egocéntricos
e irresponsables, reaccionan con ataques de ira
contra sus progenitores porque son incapaces de tolerar la frustración y no
saben asumirlo, cuando los padres intentan poner límites por primera vez. Es lo
que se conoce como síndrome del emperador
Estilos educativos
excesivamente permisivos o ausentes que, junto a la etapa difícil de la adolescencia, pueden dar lugar a estos comportamientos. Esto pone de
relieve el origen socio-económico y cultural de las familias: se da en todos
los estratos sociales, aunque el perfil es el de una familia de nivel medio,
incluso alto. Además, no es sólo cuestión de chicos,
también, aunque en menor medida, lo protagonizan las chicas.
En cuanto a los trastornos de conducta (TDH,
etc.), que ya se manifiestan desde la niñez, como origen de los comportamientos
disruptivos son también causa de este tipo de violencia. Es necesario
diagnosticar con antelación para llevar a cabo intervenciones educativas para
enseñar, tanto a hijos como a padres, estrategias de afrontación de conflictos,
para minimizar y evitar en el futuro este tipo de problemas.
Conocer
cuándo y en qué condiciones se presenta de manera característica el
comportamiento violento conforme se desarrolla la persona puede ayudar a
planificar intervenciones y políticas de prevención orientadas a los grupos de
edad más críticos. En este sentido, la importancia del educador cobra gran
relevancia y su formación específica para atender en la mediación y orientación
familiar, como alternativa a la intervención judicial y punitiva, a favor de
medidas re-educativas. Todo ello comporta que los profesionales de intervención
en violencia filio-parental, deberán tener conocimientos acerca de todos los
factores que implican a este tipo de maltrato (delincuencia, estrategias
comunicativas, victimización, trastornos comportamentales, terapias,
asesoramiento, etc.). Dotar a los
profesionales y agentes implicados en intervención, de instrumentos para
abordar la problemática de la VFP desde la mediación, es una herramienta que se
contempla en la LEY 5/2000 de Responsabilidad Penal del Menor, como alternativa
a la intervención judicial.
Para Caballo y Gradaille
(2007:49) el papel de los agentes de
mediación se centra en impulsar procesos de cambio en las personas y los grupos
facilitando la redistribución del poder y el establecimiento de nuevas formas
de comunicación y diálogo (Citado en Pérez de Guzmán,
M.V.,
2008: 79-87). Como indica ASEDES (Asociación de Educadores Sociales, 2007: 12):
La educación social es generadora de
contextos educativos y acciones mediadoras y formativas que son ámbito de
competencia profesional del educador social.
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